viernes, 27 de abril de 2012

Memento mori



Un animal,
Atrapado en
Su propia naturaleza;
Corroído por el miedo,
Eternamente triste.

Preso del aburrimiento,
Es testigo de la muerte
De su cuerpo,
Al tiempo que su mente
Se expande,
Y el universo a su alrededor
Adquiere colores nuevos:
Matices horribles y claros
Que llenan sus ojos
De sabiduría.

Cuanto más sabe,
Más es consciente de la
Absurda fugacidad
De los pensamientos;
Más ansioso se siente ante
El deterioro de lo físico.
Y entre tanto el tiempo pasa,
Y se lleva con él la lozanía;
Lo mejor que ha conocido
Ya son recuerdos en su
Memoria infinita.
Y se siente solo.
Sabe que está solo.

Busca realidades alternativas
En las que expandirse,
E intenta inútilmente
Escapar de su destino
A través del arte:
Sueña que otras mentes
En cuerpos vivos
Le recordarán
Cuando se haya ido.

Y se deshace:
Deja su llanto en
Notas musicales,
Su dolor en las páginas
De un cuaderno.
Sus miedos son
Pajaritas de papel
Movidas por el viento.
Nota cómo el arte le da vida,
A la vez que se le va la vida.

Está a punto de hacer algo grande.

Y en medio de la acción se muere,
Sin previo aviso.
En sus entrañas se pudren
Miles de proyectos
Que aún no han nacido,
A la vez que millones
De madres
Dan a luz
Niños que jamás
Sabrán su nombre.

De esta escena es testigo
El Planeta Tierra,
Que muere tan pacientemente
Que los humanos,
-Hormigas tristes,
Lágrimas secas-
No tienen tiempo de velarle
Como quisieran.

Se cierra el telón.

martes, 24 de abril de 2012

Mis gitanas de abril: mi feria

Aquí algunas de las flores de mi patio (sí,son las mismas del año pasado).







Aquí también sale Luna, una gata muy arisca que recogió mi padre hace ya un año y algo.





 Ésta es Bimba, mascota prestada que lleva años con nosotros:


Y éste es el paisaje en el que se inspira el trabajo sobre zombies que tengo en proceso:



Aquí el intento de sustituto de mejor amigo muerto, Pelli, que es un pesado y está empeñado en que le quiera aunque yo no quiero confiarle mi corazón.

 
Y este cabezón es Tuchi, que resultó ser un macho.



Éso es todo lo que puedo contar de la feria de Sevilla.

sábado, 21 de abril de 2012

Los Juegos del Hambre: Battle Royale descafeinado



Y como nunca me hago caso a mí misma, el viernes pasado fui al estreno de Los Juegos del Hambre. La verdad es que la gente respondió bien, y la sala estaba casi llena a pesar de estar ya a mediados de mes. Se notaba en el ambiente que el público estaba deseando entrar, y me hizo gracia cuando alguien se puso a mandar a callar en los trailers: sin duda una peli muy esperada.

Muy esperada y muy descafeinada, la verdad. Yo me metí porque la semana anterior me habían puesto el trailer en Rec3 y me llamó la atención la historia de la que partía. En los anuncios de televisión te la venden más como una versión americana de Battle Royale, pero lo cierto es que no tiene nada que ver. Por desgracia, porque soy una gran fan de la primera.

La verdad es que mi valoración final de la película es bastante positiva, pero nunca alcanzará las expectativas que la inmensa campaña publicitaria que la acompañada me creó. No sé por qué sigo dejando que me engañen.

Bueno, a lo que iba. Si como yo quieres verla por el tema común con Battle Royale y piensas que será una vorágine de sangre y vísceras, mírate algo de los libros de Suzanne Collin de los que procede antes. Porque de sangre nada. Y la verdad es que para ser un juego que va de matarse, peleas pocas. Siempre que hay trifulca la cámara toma una perspectiva bastante subjetiva que marea un poco y no te deja ver ni sangre, ni nada de la violencia que se desarrolla con claridad. Pero eso no quiere decir que no sientas el miedo que la protagonista siente cada vez que su vida está en peligro (que es como 100 veces en dos horas y media). Una protagonista un poco sosa para mi gusto. Supongo que eso es porque no desarrollan su personalidad al completo, dado que entienden que la mayoría del público la conoce por los libros.

Y es que sin duda esta peli está hecha para los seguidores de la novelas. Yo, como ignorante de la vida que no se ha leído la saga (de momento) he notado vacíos de información que intentaban rellenar con leves insinuaciones, miradas y demás estratagemas que sólo un lector de Collins puede coger al vuelo. Por mi parte, agradezco que dejen al público inferir hechos sentimentales en lugar de ser tediosos y repetitivos.

La verdad es que lo último que pensaba es que se trataría de una historia de amor, aunque lo cierto es que me gustó. Sobre todo porque no dedican más tiempo de la cuenta a las escenas entre ellos, y porque como ya he señalado los diálogos son bastante escuetos (sobresaliente en eso). Además, la imagen de la chica desvalida que necesita ser protegida no existe en esta peli, lo cual se agradece tras el atracón que me he dado de Stephanie Meyer. Se intuye que el amor será un tema importante en el futuro, pero no es lo central.

Más puntos positivos: el vestuario (me encanta esa estética futurista y colorida tintada de toques victorianos); la historia de la sublevación de los distritos y cómo ese hecho histórico se palpa en todo el orden social (me parece muy realista); y sobre todo, que la acción no se centra únicamente en la isla donde sucede el juego, sino que vemos todo el circo que se monta a su alrededor, que a su vez nos desvela el entramado político.

El puntazo negativo: El final es demasiado abrupto. Parece que hayan dejado la peli en medio de una escena. Más que dar sensación de continuación, te deja desconcertado y confundido. No da ni una pista de lo que va a pasar (de nuevo cuentan con la complicidad del público, a lo mejor la última frase era significativa en el libro o algo).

En resumen: una buena peli (aunque no la de la vida), sobre todo si eres fan de la saga. Si no lo eres, tienes curiosidad por verla y andas corto de perspicacia o de paciencia, mejor que leas algo sobre el tema antes.

Lo cierto es que mi opinión no es demasiado fiable, ya que no tengo ni idea de que van los libros, a lo mejor alguien que los haya leído ve algunas cosas que yo he pasado por alto. ¿Alguna ayuda?

PD: Tranquilos, ya estoy en proceso de conseguir la obra para mi Kindle, y antes de la segunda seré una friki del tema (a no ser que esta mujer escriba como el culo, aunque si me tragué a la Meyer...).

jueves, 19 de abril de 2012

La Emperatriz Zombie

Laura se había quedado con la habitación más grande de La Madriguera. La misma en la que Oforgen –el falso origen- había nacido hacía apenas seis años. Se puso una cama individual para ganarle más espacio, y porque no pensaba dormir con nadie nunca. Llevaba todo el día paseándose por la zona del bar. Se dejaba ver más que nada. Sabía por el propio Oforgen que había crecido el descontento entre su gente desde que habían traído el árbol. Ja, “su gente”. Tenía gracia.

Esos seres no respetaban absolutamente nada. Mucho menos a una reciente humana convertida de la noche a la mañana en su superior. De todas formas, ella tampoco se sentía como su madre ni nada parecido. Pero en esa sociedad, era comer o ser comido. Y para una vez que podía estar en el bando aristocrático…

Estaba deseando quitarse ese traje negro y pesado. Estaba mucho más cómoda con su vestido de algodón; o simplemente en vaqueros. Quería volver a ponerse los vaqueros, los echaba de menos, pero…

-Madre, los acusados ya han llegado. -Oforgen era mejor hijo que todos los demás monstruos (incluso mejor que su verdadero hijo), pero no sabía llamar a la puerta.

-Ya no son acusados, los he indultado. –Laura estaba cansada de esa falta de intimidad.
Es el precio del poder, se dijo una vez más.

-¿Los has absuelto?, ¿cuándo? –Oforgen intentó seguirla tras la mampara, ella le gruñó y él reculó.

-Ahora mismo. –Dijo ella malhumorada dejando caer al suelo el cancán y el corsé negros. No pudo hablar unos segundos de puro alivio.

-¿Ahora cuándo?, ¿por qué?

-¡Porque yo lo digo! ¿Quieres algo más?

-Sí, quería hablar contigo de Patrick. –Laura se sentó en la silla tras la mampara. Otra vez. Siempre lo mismo. Por toda la eternidad.

-¿Qué ha hecho esta vez? –Oforgen se calló un minuto, pensando si contestarle. Mientras tanto, ella aprovechó para concentrarse en el foco de su dolor. Se subió el camisón blanco lentamente. Vio que la sangre había traspasado la ropa interior. Ahogó un suspiro. Se bajó las bragas con cuidado, y al instante vino el hedor.

-¿Se ha vuelto a infectar? –dijo su hijo cambiando de tema bruscamente. –Llamaré al médico.

-No hay médico que valga. –Tiró la ropa al suelo y se colocó el vestido de algodón por encima. Sentía cómo la sangre resbalaba por sus muslos. –Estoy maldita. -Salió de detrás del biombo ignorando la mirada acusadora de Oforgen.-No hay nada que hacer. Tráeme a alguien para comer.

-Laura. –Oforgen clavó sus pupilas en ella, sacudiéndola desde dentro. –Sahara está aquí, deja que te eche un vistazo.

-¿Cuánto tardó Orgen en curarse? Si es que a eso se le puede llamar cura. Esa zorra fue un zombi sangrante durante siglos, hasta que las cicatrices la deformaron y se volvió loca. Yo conseguí la inmortalidad igual que ella. ¿Qué te crees que me espera?

-Por favor, Laura. –Y en sus ojos se reflejó lo más parecido a un sentimiento que alguien de su especie era capaz de mostrar. Laura casi se lo cree.

-Éste es mi castigo. Yo tengo que pagar por la vida eterna, no como vosotros. –Él seguía mirándola igual, sin escuchar. –Deja de hacer como que me va a ir bien. Estoy condenada. Y esto no puede ser.

-Por favor.

-No sirve de nada, es una maldición. Me lo merezco. –Laura cayó de rodillas, abatida por una verdad inquebrantable. Lloraba.

-Por favor.

-Tenía que haber cerrado la puta boca cuando tuve ocasión…

-Te quiero.

-Dile a Sahara que venga. –Lo dijo más por hacerle callar que otra cosa. El chico, que tenía prácticamente la misma edad que su hijo, casi sonrió de alivio. Llevaba tanto tiempo cuidando de ella… Y eso que había empezado siendo al revés.

-¿Qué ha hecho Patrick?

-Nada irremediable. Yo me encargo. –Y se fue sin decir más.

Laura se arrastró hasta el diván rojo que había en la esquina, y se reclinó para quitarse los enormes tacones anchos. Hizo círculos con los tobillos un rato, y luego plantó los pies en la alfombra de pelo negro. Sintió su textura, intentó no pensar en nada más. Aun así notaba la sangre que se agolpaba bajo su sexo. Se había manchado las medias también.

De un salto se puso en pie. Se escrutó en el espejo que tenía sobre la peinadora. Pensaba si debía quitarse la cinta del cuello o no. La cinta era ancha y negra, forrada de una tela de encaje. Iba muy bien con su ropa de Emperatriz oscura, pero su propósito era otro.

Desabrochó el cierre y la retiró suavemente, notando la humedad que luchaba por tenerla adherida. Se esforzaba por no gritar. Sin duda esa herida también se había vuelto a infectar. Notaba las bolas de pus bajo la cicatriz fresca. La piel enrojecida había vuelto a coger el tono oscuro y esa sequedad en los bordes. Y encima no había ninguna droga que surtiera efecto en su cuerpo muerto.

El olor de las pústulas invadió la habitación sin ventanas. Bajo sus pies un pequeño charco oscuro en el que no dejaban de caer gotas calientes y espesas. Joder que necesitaba a Sahara. Ésta apareció como si la hubiera escuchado.

-¡Dios! –Se echó la mano a la cara para taparse la nariz y la boca.

-¿Querrás decir “Satán”? No aguanto a los blasfemos. –Soltó una carcajada contenida, porque el dolor no le permitía nada más escandaloso. –Estoy hecha una puta mierda, ¿eh? –La otra se sentó y empezó a examinarla sin más.

-¿Has oído ya lo de Patrick? –Dijo Sahara en un intento de distraerla del dolor de la extracción del pus del cuello.

-Patrick… ¿por qué coño le pondría ese nombre? –Intentaba quedarse quieta, pero todo su cuerpo intentaba aplastarle la cabeza a Sahara para que parara.

-Porque creías que amabas a ese tío. Menos mal que se te pasó.

-Sí, pero entre tanto le llené la cabeza a mi hijo de gilipolleces, y el muy imbécil se las creyó. Y ahora no escucha nada más. De verdad se cree que es hijo suyo. –Sahara intentó contener una risa compasiva.-No, puedes reírte si quieres. El muy gilipollas cree que Patrick era el verdadero Creador.

-Entonces no le digas nunca que es clavado a Omikin. Tan estúpido como él.

-Sí, nunca salen a sus madres. –Se quedaron en silencio por un rato, intentando hacer el menor ruido posible. Nadie debía saber qué pasaba. Podían sospechar, pero nada más.

-Emperatriz-

-Laura, por favor. Mi nombre es Laura.

-Laura. Quería saber si te has pensado lo que te pedí. –La chica apretó los dientes al sentir el pus maloliente salir a presión de debajo de su piel. No era el dolor lo que le jodía, a eso medio se había acostumbrado. Era saber que Sahara no pararía hasta conseguir lo que quería. Laura guardó silencio, y Sahara lo aceptó de momento.

Ya estaba colocándole la gasa limpia en el cuello cuando Laura decidió a sacar el tema más polémico. La miró desde abajo, sus facciones desfiguradas por culpa de las sombras de las luz cenital de la lámpara.

-¿Y ese pañuelo? ¿Ahora eres hippy o qué?

-Me he rapado.

-¿Cómo? –Todos los peores temores de Laura se hicieron realidad de golpe.- No, ni lo sueñes. Eres demasiado valiosa. No puedes-

-¿Demasiado valiosa? Se ve que no lo suficiente.

El silencio se volvió a apoderar de la atmósfera. Un silencio pesado y meditado. Sahara lo usaba para ganar terreno en la discusión, Laura para evitar el miedo a perderla. Y el miedo a retenerla. Pensaba en todas las posibilidades con la mirada perdida, al tiempo que las pústulas de su vagina palpitaban dolorosamente. Sahara la acomodó en el diván sobre una sábana desechable verde. Se ajustó los guantes y su superior tembló levemente.

- Baja un poco el culo. Perfecto. Abre bien. Relájate.

- ¿Por qué me haces esto?- Cada vez le resultaba más difícil ocultar su desesperación.

- No te hago nada. Ya lo sabías.

- No es justo, haces como si fuera mi culpa. –Sahara raspó con el instrumental y Laura reprimió un grito. Otra lágrima resbaló por su mejilla. Sahara se preguntaba qué clase de dolor era en ese preciso momento.

- Porque es tu culpa. –Se detuvo un segundo para coger gasas limpias y la emperatriz pudo respirar. Antes de seguir el trabajo le pasó un trapo de mala gana, y ella lo mordió.- Es tu culpa que el conocimiento se desaproveche –siguió con su discurso sin prestar atención a Laura- y es tu culpa que exista gente como Junior. Es tu culpa que tengamos que jerarquizarnos. –Levantó la vista un segundo y se encontró de golpe con los ojos abiertos de Laura: tristes, atentos, suplicantes. Hizo el gesto de acariciarla, pero Sahara fingió no darse cuenta.- Cuando sólo existíamos los fuertes, la vida era más sencilla. Por tu culpa.- Repitió, esta vez en voz baja.

- ¡Ya basta!- La emperatriz escupió el trapo y salió del diván dándole una patada. -¿Qué quieres? –Se giró enfadada para enfrentarse a la mirada acusadora de su Ilustrísima. -¡¿Qué coño quieres?! –La sangre le resbalaba rodilla abajo, las manos en alto, los ojos desencajados.

-Ya lo sabes.- Le contestó Sahara con tranquilidad.

- No sé si podré aguantarlo. Sé que no podré aguantarlo. –Las rodillas le fallaron.- Es cirugía… y no hay droga que tenga efecto en mi organismo. ¡Estoy muerta! –Gritaba como si no hubiera caído en ese detalle antes.

-Dame una cobaya. Yo buscaré la forma.

-¿Y qué ganaremos con eso?

-Conocimiento. Seguro que nos lleva a algún lado. –Laura seguía allí de pie, sangrando, como perdida. Sabía que la había convencido.- Elige a la cobaya, y dale esto –le alargó un frasco lleno de líquido transparente- y yo me encargo del resto. Será mejor que dejemos esto para más tarde.
Sahara se dio la vuelta, y salió de la habitación sin volver a mirarla. Laura permaneció un rato allí de pie, entre las gasas sucias, sin saber qué decir. En el suelo empezaba a formarse un charco. Y de nuevo se sintió humana, vulnerable, frágil. Se sacudió todos esos sentimientos y empezó a recoger. Oforgen volvió a interrumpirle.

-Laura, ¿cómo estás? –Tenía ganas de lanzarse a sus brazos y llorar. En lugar de eso se mantuvo erguida y farfulló un “bien” bastante convincente. No podía cruzar esa línea. Ya eran demasiadas. –Sólo venía a avisarte de que en media hora empieza la ofrenda al Árbol Sagrado. Hoy asiste todo el comité, con los indultados. -Laura se había olvidado por completo de los meapilas que ella misma había dejado entrar en la comunidad oscura.

Había sido una decisión muy discutida. Por eso mismo debía mantenerla. No quería que nadie cuestionara su autoridad. Tampoco quería estar sola ante esa banda de desalmados, por eso se había hecho con ese pequeño ejército personal. Y les permitía que llamaran a aquello “religión” porque la gente con fe era mucho más dócil y manipulable. Eso se lo había enseñado el cura de su parroquia de pequeña.

-Perfecto. Recogeré esto y salgo en seguida. Yo…- Se acercó. Podía oler su pelo húmedo, y su aliento de sangre. Notaba el calor que desprendía y oía sus corazones agitados. Sabía que latían por ella.

-¿De verdad estás bien?

-Sí, claro. ¿Acaso me tomas por una frágil humana? –Se fue tras el biombo y comenzó de nuevo la dura tarea de vestirse. Esperó a escuchar que se había marchado para dejar que las lágrimas volvieran a brotar de sus ojos. Estaba cansada.

True Blood Secretos inconfesables: Sangre entintada



Hoy voy a inaugurar dentro de la sección de críticas un nuevo género que aún estoy empezando a conocer: el cómic. No es que haya leído demasiado, ni que sea una experta en el género.

La verdad es que es un género muy particular al que no acabo de adaptarme. Tiene muchas ventajas, además de que el contar con el código visual le da otra dimensión a la historia y eleva el estilismo de la narración. Aún así, hay cosas a la que no me acostumbro, como la sencillez de los diálogos y el gusto chirriante por explicitar los sentimientos. Aunque ésa es otra entrada del blog. Hoy a vamos a centrarnos en
Secretos inconfesables.

El cómic está hecho para aquellos que somos auténticos fans de True Blood; aquellos que nos hemos visto todas las temporadas y hemos leído los libros hasta que Charlaine Harris nos ha aburrido (sí, a mí me ha aburrido: la serie es tan superior a los últimos libros que no le he visto sentido a seguir leyendo). Al menos eso dice la publicidad, algunos aficionados y el vendedor que embaucó a mi pobre novio para que me lo comprara (gracias, baby, así tengo cosas de las que hablar en mi blog).

Pero no nos engañemos: las circunstancias de las que parte la creación de este cómic hace que de entrada sea imposible crear un buen guión para éste. Ni siquiera habiéndose encargado de él el mismo creador de la serie (Alan Ball) se salva. Se trata de una trama alternativa sacada entre la segunda y la tercera temporada, ambientada en el Merlotte's de la serie con los mismo personajes, y dado que la serie tenía que continuar no podía haber grandes cambios.

Esto plantea un problema inicial que los editores, lejos de estudiarlo para solventarlo de manera satisfactoria, han pasado por alto. ¿El problema real?, que para hacer esa idea efectiva habría que alejarse de los personajes de la serie de televisión, por lo que el producto no sería tan comercial.

En este cómic (los seis primeros tomos) un monstruo ancestral que se alimenta de la vergüenza encierra a los principales protagonistas de la serie en el bar de Sam, y uno por uno tienen que contar algún secreto inconfesable. De esa idea inicial podrían salir miles de cosas, y más si tenemos en cuenta que en ese bar están encerrados dos vampiros, un cambiante, una telépata, un follador nato, un prostituto y una chica negra con un pasado oscuro, mala leche y unos biceps hiper-petados. La idea de un monstruo que habitaba en la América antes de las colonias es muy buena, y más aún el hecho de que ataque con algo distinto a la violencia, sin embargo, las historias que salen de esas bocas hacen que el cómic sea decepcionante por momentos.

Lejos de meternos en esa atmósfera oscura y violenta en la que se desenvuelven normalmente los personajes de esta historia, nos adentramos en el mundo Disney de golpe y porrazo. Cuando un vampiro de casi doscientos años confiesa que un día una partera le ofreció comida y él a cambio se la comió (así, sin torturarla ni nada antes), empiezas a preguntarte qué clase de poder es el que está manipulando el texto. Probablemente sea el todopoderoso dinero, para que sea posible vender el cómic al mayor público posible, aunque en los tiempos que corren no me extrañaría que hubiera sido algo disfrazado de moralidad.

Por supuesto, no todo es malo en este producto True Blood: el dibujo, además de ser bastante fiel a los actores, es muy bueno, y el hecho de ver a nuevos personajes fantásticos en el Merlotte's como el monstruo de la vergüenza es bastante estimulante. Una pena que hayan apostado por ser esclavos de la serie de televisión en lugar de dejar que esa idea madure y hacer una realidad paralela en la que los vampiros y los monstruos campen a sus anchas y sacien la sed de sangre los espectadores impacientes.

En lugar de eso, prefirieron irse a por el dinero fácil de aquellos que confían en el buen hacer de un nombre famoso y que luego siguen la saga por no bajarse del burro del hype. No es mi caso. Eso sí, aquellos aficionados a los vampiros tipo Crepúsculo lo encontrarán fascinante.

martes, 17 de abril de 2012

Bautizo de sangre

A ese otro lado, un infierno extraño se daba lugar. El local no era demasiado amplio, de techos relativamente altos, todo hecho de madera. Había zonas perfectamente diferenciadas, y en todas unos amables humanos vestidos de negro con guantes de silicona rojos atendían aquí y allá. A la izquierda la barra. Tras ésta unas chicas muy monas, y tras éstas apenas una decena de botellas de alcohol, vasos y copas de todo tipo de formas y colores; jeringuillas, cuchillos, escalpelos, tijeras, y todo tipo de instrumentos de tortura que se te pueda ocurrir.

Frente a la barra una pequeña zona de baile. Pero no había ninguno de los suyos bailando. Sólo humanos. Hombres y mujeres; altos y bajos, gordos, delgados, fibrosos, delicados, rubios, morenos, pelirrojos, de peinados clásicos y con cortes atrevidos, algunos con la cabeza afeitada, muchos llenos de tatuajes. Humanos semi-desnudos bailando y frotándose los unos con los otros. Sudorosos. Jack podía olerlos, podía sentir sus venas llenas de sangre, sus corazones acelerados. A su alrededor se agolpaban los oscuros. Hombres y mujeres que olían diferente, más fuerte, más a podrido y a quemado, y cuyas auras brillaban con tal intensidad que le deslumbraban en medio de aquella habitación casi a oscuras.

Irina se acercó por detrás y le palpó el paquete sin miramientos. “Menos mal, creía que estabas muerto de verdad”. Jack le apartó la mano corriendo, avergonzado como un niño pequeño. Miró al suelo, sabía que le seguiría hablando. “Una de las innovaciones de la nueva Madriguera es este comedor. Como hemos subido la edad de admisión para que no se llene tanto y sea más discreto, me enfrento a una nueva clientela, un poco más “abuela”. A mí me gustaban los neonatos, pero la verdad es que dan demasiados problemas”. Le tomó de la mano con delicadeza mientras su aura se llenaba de un ocre brillante que identificó con la lujuria.

A la derecha del local había una zona de cómodos sofás de diferentes formas. Aquí y allá alguna mesa metálica de las que se usan en las clínicas médicas. Jack reprimió un respingo cuando vio un potro de los que se encuentran en los paritorios entre dos sillones grandes, a modo de mesa del café. Tomaron asiento, y en seguida una chica totalmente desnuda se acercó a él y le puso la muñeca bajo la boca. “Oh, Honey, siempre tan amable. Tráete un cuchillo, anda, que éste es un shadkora”. Su aura era débil, una especie de turquesa desgastado. En ella leyó enseguida la sorpresa y la duda. “Sí, puedes alimentarle”.

Al instante estaba arrodillada junto a él, con toda la dulzura y la obediencia propia de los empleados de Irina. Le entregó el cuchillo y bajó los ojos. Jack se concentró en sus colores. Su azul casi era ya blanco, no sabía si por lo débil que estaba, o porque Irina la tenía bajo su control. La miró, no a ella sino a su aura, sin pestañear. La miró hasta que le escocieron los ojos, y justo cuando lo iba a dejar lo vio: la sombra color tierra del dominio de Irina. Sí, estaba viendo Irina a través de aquella chica.

La chica levantó los ojos extrañada, asustada de que la fueran a castigar por ello. “Tal vez nos hemos equivocado al elegir el menú”. Hizo un leve gesto con los dedos, pero sólo para mantener las apariencias. Jack podía leer en su aura que estaba llamando a alguien de aura morada. Y allí estaba él, un chico alto y rubio rodeado de violeta desgastado, y con las puntas marrón tierra, como todos los del local. “Ya decía yo que esas manos tan finas no eran las de un heterosexual”. Jack esquivó el brazo del chico como pudo, y se concentró en las auras. No quería beber nada que tuviera la esencia de aquella sádica de fondo.

“Así que tenemos otro Patrick Wycliffe, legendario amigo del hambre y los largos silencios”. Antes de que pudiera mandarla a la mierda, Irina atrajo para sí al chico y le mordió en el cuello. El chico soltó un grito de asombro. Jack fue testigo de cómo el aura de Irina se hacía más y más grande, y absorbía poco a poco el morado que quedaba.

Lo soltó de golpe, arrojándolo bruscamente contra el sofá. “Vas a tener que cambiar de actitud si quieres sobrevivir aquí”, le dijo con los ojos rojos. Señaló a una puerta al fondo a la derecha, junto a un hombre colgado de unas cadenas sólo vestido con unas enormes alas negras. “Ésa es la sala VIP, sólo para los nuestros. Si quieres hacer las paces con el mundo y follar, allí te espero”.

Tan pronto como desapareció, unos cuantos de los oscuros que le rodeaban se acercaron al herido. Una mujer alta de pelo rizado lo enganchó antes que nadie, chupando la sangre con un ansia animal. Apenas se escuchaba el latir de su corazón cuando apareció el guarda, y la apartó del chico de un violento empujón que la estrelló contra el potro vacío. Se levantó de golpe y empezó a gritar como una loca, hasta que otro oscuro, más grande y fuerte, la obligó a ponerse de rodillas para que otra chica bebiera de ella.

Jack estaba de nuevo solo en el infierno. A medida que crecía el olor a sangre se iba haciendo un paraíso. Las auras de los oscuros le daban un aire surrealista y psicodélico, la música –algo de Xtatic X, identificó- hacía vibrar cada una de las células de su cuerpo. El calor de los humanos que lo rodeaban le daban la falsa sensación de que él mismo estaba vivo, y la sangre de aquella okora seguía brotando, caliente y espesa, y ella parecía disfrutarlo. Miró su aura un segundo, de tonos naranjas, pero sin restos de marrones u ocres, y se lanzó a por ella.

Como él lo hicieron otros. Oscuros todos. Los cuerpos se confundían en la vorágine de sangre. Se lamían los dedos cuando paraba para respirar, o lamía un rostro ajeno que pensaba que era el de la mujer, pero resultaba ser otro hombre al que también le había acabado abriendo una herida en la muñeca. Manos extrañas le acariciaron a la vez que bebían con él, bebían de él.

Y todas las auras eran una y de pronto todo había acabado. Empachados de sangre propia y ajena, las barrigas llenas y los sexos palpitantes, se alejaron todos los oscuros compartiendo una misma aura. Jack se arrastró hasta el sofá sin saber muy bien qué había pasado. Sentía su corazón latir de nuevo. La música cambió. Una, dos, tres, seis canciones. Alzó la vista e Irina le miraba sonriente. Su aura también sonreía. Buscó entre la multitud, incapaz de encontrar los desconocidos con los que había compartido aquel instante de lujuria. “Hay que seguir con el tour”, le dijo la rubia. Se volvió sobre sus tacones rojos y Jack la siguió, flotando en una nube.

sábado, 14 de abril de 2012

Biografía de un vampiro: work in progress


A QUIEN PUEDA INTERESAR: Las entradas de la historia de Biografía de un vampiro han sido temporalmente eliminadas porque estamos trabajando la revisión del texto. En la mayor brevedad posible estará disponible para descargarlo en pdf de manera gratuita.

MIL GRACIAS a aquellos que me han seguido durante aquella aventura, que continúa hoy en El Diario mental de Eve (ahora en curso). Si algún día llego a ser alguien, que sepáis que será gracias a vosotros.

Saludos.